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"Los hombres no lloran"

11 ago 2023
3 min de lectura

Lo sucifiente, diría yo.


Carlos tiene 38 años y es fiel creyente del amor de Dios. Tanto así, que todos los días le agradece por cada situación de su vida. Lo he visto reír, correr, gritar goles, hablar y muchísimas veces: llorar. ¡Eso me encanta de el!. Antes le bromeaba porque realmente es más sensible que yo, pero con el tiempo he aprendido a valorar esa sensibilidad, la cual habla de la gran bondad de su corazón. Pero hoy no quiero hablar de lo fácil que el llora con una historia conmovedora, sino del momento de nuestras vidas donde el, inesperadamente, no lloró.

Cuando te dicen que, medicamente, hay una situación que te impide tener un hijo, la mayoría de veces (estadísticamente) es porque las mujeres tienen alguna dificultad en su organismo que les impide fecundar. Bueno, digo la mayoría porque no siempre es así. En nuestro caso, el reto a superar está en el cuerpo de mi esposo.


Cuando el médico nos confirmó esto a través de algunos exámenes, supimos que no sería fácil, pues es algo de lo que nadie habla así, que uno cree que no es tan común.

Pues si supieran que eso "no tan común" lo es más de lo que pensamos, sobretodo en hombres. En los ires y venires de las citas médicas, Carlos fue a Medellín a visitar un especialista y para su sorpresa, el consultorio estaba lleno de hombres contemporáneos con el e incluso, la mayoría eran más jóvenes. Todos tenían algo en común: la expresión de incertidumbre como la de la foto de Carlitos cuando tenía unos 4 años y quien sabe por qué estaba asustado.


Luego del tratamiento nos hicimos un invitro y en el primer intento ¡quedamos embarazados!. Se podrán imaginar LA FELICIDAD. Todo fue como una montaña rusa de emociones cuando luego de esa gran alegría, en la 9na semana nos enteramos que esa chispa ya no tenía vida. Perdimos a bebé.


El primer día lloramos cántaros ambos. Los días siguientes yo no podía con mi vida, pero el...jum, el no lloró más. El fue la columna fuerte y sólida que me sostuvo de pie. Me consentía, se encargaba de todo en la casa, me recordaba lo bueno que estaba siendo Dios con nosotros en medio de esa situación y trabajaba diariamente "como si nada".


Siempre me extrañó que el no llorara, el que es un hombre de corazón grande que acababa de perder a su bebé, su mayor sueño, pero bueno...finalmente pensé que era su forma de asumirlo.


El tiempo pasó y 3 meses después, en nuestro aniversario de bodas, en medio de una cena romántica en nuestro hogar (plena pandemia), empezamos a hablar de lo bueno que era Dios y el, sin más ni menos, sin decir nada...empezó a llorar. No era un llanto común: era el llanto de 3 meses acumulados, eran lágrimas por perder lo que más anhelas, era saber que tu bebé se había ido al cielo y no pudiste despedirte, era ahogarte en lo que sentías porque tiempo atrás "tuviste que ser fuerte para tu esposa". Esa ha sido una de las muestras de amor más grandes que he visto en mi vida.


Ver lo que una situación así puede hacer en tu pareja es duro, es como ser testigo de cómo se le rompe el corazón y tener el tuyo roto al mismo tiempo. Los hombres de su generación, crecieron pensando que llorar era para débiles, que siempre tienen que ser fuertes y no pueden doblegarse a sentimientos; que deben ser protectores por encima de ellos mismos, pero no. Cuando compartes tu vida con alguien empiezas a ser parte de un equipo de dos, donde hombro a hombro van superando juntos los retos de la vida.


Ver como su fe, su amor y su esperanza en Dios han prevalecido, es admirable. Mi esposo, el que en medio de todo ha llorado, se ha culpado y ha buscado respuestas, es el mismo que en cada momento de oscuridad encuentra en Dios la luz del camino. El es mi mayor ejemplo de fe.


Los hombres no lloran lo suficiente porque por absurdos estereotipos no lo tienen permitido, pero como dice Brené Brown: "La vulnerabilidad va de la mano con la VALENTÍA."


Pd: Gracias por ser tan valiente siempre mng, te amo.

 
 
 

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