El "feliz" de una historia que no tiene final
Que los planes salgan diferentes a lo que tenías en mente, es solo un camino distinto para el mismo fin.
2020, mientras cada quien tenía una lucha distinta contra lo desconocido: la pandemia, el y yo vivíamos nuestra propia batalla contra la infertilidad. Luego de un sin número de inyecciones (a las que pensé que les tenía miedo pero luego descubrí lo fuerte que soy), hormonas, pastillas, exámenes médicos, esfuerzo económico, mental, físico y emocional por fin llegó el día de la Transferencia.

09 de octubre: Con ropa quirúrgica entramos agarrados de la mano de Dios a la sala de cirugía. La transferencia se demoró unos 15 minutos pero parecen horas. El doctor inicia, hace lo suyo y al terminar me toca el vientre y nos dice "De aquí en adelante, es solo Dios. Confíemos en Él". Al salir nos entregan una tarjeta con una foto de los embriones y dice: ¡Ahora estamos juntos!
26 de octubre: El día de la BETA, la prueba de embarazo. Fuimos los primeros en llegar al laboratorio y esperamos pacientemente todo el día la llamada con los resultados. A las 6:15 pm llamamos al doctor quien nos responde jocosamente "Caramba, estaba esperando esta llamada" (¿Qué tal el descaro? jaja), luego de su introducción sobre el poder de Dios nos dice: "Bueno, Carlos y Laurie...tenemos positivo para embarazo". Mar de lágrimas es poco para describir cuánto lloramos de felicidad ese día, nos había llegado el momento que tanto soñamos, deseamos, anhelamos y esperamos. ¡Ibamos a ser papás! Solo pudimos dar gracias a Dios mil veces y tener todos los cuidados sugeridos.

28 de octubre: El día antes del cumpleaños de mi mamá no aguantamos más y le contamos a la familia: "¡Confirmado! Vas a ser abuela / tío / tía", cada uno recibió un papel con la noticia. Es indescriptible la infinita alegría que sentimos todos en ese momento.
13 de noviembre: Primera ecografía, llegó el momento de saber si "pegaron" los dos o uno solo, pero confirmado había bebé. La familia esperando nuestra llamada para confirmar: 1 ó 2. Según las cuentas del embarazo (que son diferentes) teníamos 8 semanas en ese momento. Subiendo al ascensor y tocándome el vientre repetí una y otra vez "Que sea tu voluntad Señor, lo que tu quieras que sea lo aceptaré". Llegamos, empiezan a revisar, Carlos sacó su celular para grabar y el doctor dice "Muchachos, tenemos un problema". Carlos guardó su celular y el doctor continúo diciendo "Esto pequeñito que se ve aquí es el bebé, pero desde la semana 7 dejó de crecer, ya no tenemos embarazo".
Me metí al baño, me cambié, salí y nos sentamos frente a el. Le pregunté todo lo que se me ocurrió, el respondió mis dudas concluyendo "Es muy común que esto pase en cualquier tipo de embarazo, natural o in vitro, sobretodo en mamás primerizas". Carlitos y yo nos agarramos tan fuerte las manos, que nos quedaron rojas. Salimos del consultorio y en tanto tocamos el botón para llamar al ascensor, empezamos a llorar. Antes no, justo ahí.
Lloramos por horas, por días, solos, juntos, en familia.
Ese ha sido sin duda, uno de los momentos más fuertes de nuestro matrimonio, sin embargo, no podía dejar de recordar que le había dicho a Dios que aceptaría su voluntad y como personas de fe, solo teníamos una opción: seguir confiando en sus planes, sin titubear, sin dudar, sin reprochar. No habían por qués, no habían "si hubiera", solo eramos el y yo, poniéndole el pecho a la situación y confiando en Dios, orando, agradeciéndole por la oportunidad de ser los papás de ese bebé de 7 semanas que nos cambió la vida completa.
¿Para qué? Puedo darles mil motivos, para: fortalecer nuestro matrimonio, crecer juntos en Dios, aumentar nuestra fe, ser más fuertes, amarnos más el uno al otro, juntos amar más a Dios y para mantener viva una esperanza en su amor.
17 de noviembre: Mi cumpleaños #28. Como Dios actúa de maneras tan misteriosas, puedo asegurarles que no había tenido un cumpleaños en el que hubiera recibido TANTO amor. Lo que acabábamos de pasar solo lo sabía nuestra familia más cercana y mi mejor amiga, pero parece que todos a nuestro alrededor supieran. Recibímos tantas demostraciones de cariño en ese momento, que fue imposible no pensar que todo había sido obra de Dios y que nos decía "aquí sigo actuando, aquí estoy".
Hoy es 25 de abril de 2023 y aún seguimos creyendo en el poder de Dios, aún pensamos que no tenemos que entenderlo para amarlo y obedecerlo, solo creerle, así que eso hacemos.
Nadie te dice que las historias que no se dan como tu piensas, igual pueden tener un "final feliz" pero es así. Hoy seguimos siendo los 3 (Dios, el y yo) pero sabemos que un día seremos 4 o 5, porque Él actúa así, supera todas las expectativas.
Este no es el final de la historia amigos, se los aseguro. Solo es el final de este blog que les recuerda que por encima de la ciencia: Dios y por encima del dolor y la tristeza, su amor.
Nos vemos pronto para seguir contándonos que no todas las historias tienen final, pero que siempre puedes ser feliz.




Con lágrimas en los ojos, por la empatía y amor que siento por uds, puedo decirles que he sentido cada palabra y cada sensación como propia. Siento mucho no haber estado ahí para abrazarlos en ese momento pero indirecta e inconscientemente, echando la vista atrás, en ese momento supe que algo pasaba.
Yo sé que ese día llegará y en Esa ocasión espero estar por y para uds. Los amamos mucho amigos! ♥️